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¿Qué encontramos en los sueños? Respuestas, revelaciones, recuerdos, mensajes, mucho se habla de la interpretación de los sueños, a veces decimos que los que han dejado este plano se nos presentan a  través del mundo onírico. Banana Yoshimoto nos adentra a este mundo en Sueño Profundo, libro que reseñamos esta semana.

Banana Yoshimoto nació en 1964 en Tokio, es el seudónimo de Mahoko Yoshimoto. Su amor por la naturaleza influye en su nombre artístico: ama las flores rojas y carnosas del banano, del que extrajo el pseudónimo con que se le conoce.

Su novela debut, Kitchen (1988), consiguió un éxito inmediato tras su publicación, lo que le ha valido más de sesenta ediciones sólo en Japón.

Su obra la forman además las novelas N.P., Sueño Profundo, Tsugumi, Lucertola, Amrita, Sly, La última amante de Hachiko, Honeymoon, H.H., La pequeña sombra, Presagio triste, El lago, Recuerdos de un Callejón Sin Salida.

Además de novelas, Banana Yoshimoto ha escrito varias recolecciones de ensayos, entre las cuales se encuentran Songs From Banana Note y Yume ni tsuite.

Sueño Profundo incluye las historias de tres chicas que nos relatan desde su vivencia lo complejo que pueden ser algunos momentos, la melancolía nos toca la puerta a través del relato que da título al libro con Terako al principio no sabemos muy bien de que va el asunto pero nos adentramos poco a poco en este aire sutil y parsimonioso de contar la vida rutinaria de una chica que no sabe aún muy bien qué hacer con su vida, se toma un descanso laboral para entregarse a una relación con un hombre casado el señor Iwanaga mientras intenta mantener en secreto el suicidio de su mejor amiga, Shiori sumida en un sueño que la aletarga y que no termina nunca de pronto le resultará difícil distinguir entre la realidad y los sueños.

Después en La noche y los viajeros de la noche, Shibami nos cuenta la historia de su difunto hermano Yoshihiro y sus amores: la estadounidense Sarah y la amiga de la familia Marie mientras el hilo conductor de este relato nos remite al recuerdo, al dolor, a la perdida, enfatizando también las noches y los descansos. La clandestinidad de los amores, los lazos consanguíneos olvidados y finalmente el relato que cambia un poco el tono y es desde mi opinión un poco menos melancólico que los dos anteriores: Una experiencia y Fumi-chan nos describe lo que representa que alguien en los sueños a través de una melodía, pida contactarse contigo y nos cuenta de manera hilarante su búsqueda hasta el más allá de Haru una chica del pasado que falleció por una congestión alcohólica.

Pareciera que estamos frente a historias fáciles por su aire cotidiano con el relato como confesión en un diario íntimo que revela, la información se nos otorga entre un paseo a la calle o una comida en un restaurante. El tiempo, los flashbacks para entender lo que sucede se aparecen como una fotografía, nos encandila saber de la perdida, la muerte atraviesa las tres historias y sin embargo nos sentimos en tranquilidad a las chicas no se les mueve un pelo mientras caminan o duermen, pero ese aire de parsimonia asiática, contenida sin la intensidad latinoamericana o la espectacularidad estadounidense se agradece, es diferente.

¿Cómo viven las y los jóvenes en Japón? Es quizás la pregunta a la que se intenta dar respuesta en estas historias que aparentan no tener mucho y tenerlo todo en común. La construcción de los personajes femeninos me cautiva, chicas que aparentan fragilidad, caos, y un aire de ternura que quiere borrarse, con un complejo mar de contradicciones, cómo cualquiera de nosotras en el devenir de los años que nos recuerdan cada día que hay motivos para levantarse aunque se trate de intentar estar en la cama y dormir lo más que se pueda ante un cansancio extenuante, el mundo onírico nos espera para manifestarnos profundas confesiones, de algún modo nuestras historias se parecen a las de Terako, Shibami y Fumi-chan.

El libro está editado por Tusquets les dejamos un fragmento:

“También me fascina a veces la idea de no despertar jamás, de ir pudriéndome y desaparecer en la eternidad. Tal vez esté poseída por el sueño. Igual que Shiori estaba poseída por su trabajo. Me da miedo pensarlo.”


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