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Concentrado sonoro de realidades que, en cierta forma, pone a prueba a quien crea y escucha; aromas, texturas y sabores, momentos que se pueden vivir con el radioarte. En esta segunda entrega sobre el tema, aprovecho para ampliar un poco y poner sobre la mesa otras propuestas.

Lo sonoro es pura evanescencia, ardor del aire, que no teniendo lugar, no tiene existencia objetiva, permanente, sino solo vuelo. (Proust)

En alguna ocasión leía en un foro sobre producción radiofónica, que así como ponemos etiquetas y delimitamos en un marco a las personas, rutinas, cosas, así ocurre con los géneros radiofónicos, por lo cual, en la medida que encerremos en una definición al radioarte, podríamos caer en los límites de no pasar de esas fronteras. Y comparto en gran medida la idea, por qué no nutrir de todas las herramientas que ofrece lo sonoro a cualquier producto radiofónico; programas, identidad de emisoras, cuñas o spots, entrevistas y todo aquellos que se emita desde la antena y ahora en streaming. Siempre tener frente a nosotros apertura a lo que Sol Rezza describe como experimentación en radio, jugar con los sonidos, contar historias con ellos, donde juegan otras experiencias. (solrezza.com)

Sin embargo, de manera más pura, el radioarte se encuentra muy ligado al arte sonoro, un concepto que engloba a todo lo que no puede ser incluido de forma aparentemente natural en lo que llamamos música. Ya lo dice el compositor y artista sonoro mexicano, Manuel Rocha, este concepto tiene que ver más con obras artísticas que utilizan el sonido como vehículo principal de expresión y solo entonces, podemos contemplar al llamado radio arte, como un género que cabe dentro del arte sonoro, es decir, es una línea de muchas que puede tomar forma desde poesía sonora, exposiciones en museos que acompañan cuidadosamente su muestra con piezas musicales a propósito, la captura y exposición de paisajes sonoros mezclados con música y un sinfín de posibilidades que termina Rocha definiendo en esculturas e instalaciones sonoras, obras intermedia en las que el sonido sea elemento principal (no teatro, no danza).

Comentaba en la pasada publicación sobre la necesidad de retomar acciones que faciliten a las audiencias, los y las radioescuchas, conocer y explorar otra oferta que despierte los oídos, las vivencias, texturas y tiempos en los que la radio, tiene un gran compromiso y trabajo constante. Quien se acerca al medio, tiene por tanto, la obligación entonces de profundizar en todas las líneas posibles a explorar, sin límites, sin marcos que compliquen la existencia natural y creativa del desarrollo y presentación de un contenido. Si bien debemos apegarnos a líneas de contenido de una programación, podemos mostrar mejores contenidos, mejores productos desde esa retroalimentación previa.

Encontramos difícilmente ofertas radiofónicas que ofrecen un mirada sonora no promedio, es decir, desde su barra programática, la presentación cotidiana de la música acompañada de la información que podemos escuchar una y otra vez con algunas palabras diferentes entre una y otra emisora, pero pocas veces nos encontramos con una manera particularmente diferente de tratar y presentar los contenidos, hacia allá tenemos que girar con necia constancia, si el radioescucha cambia, si las audiencias cambian, si el consumidor cambia, por qué no cambiar lo demás y aprovechar elementos tan primarios y enriquecedores como el arte desde el sonido.


Universo 94.9

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